¿Qué es
“Cabildo Abierto”? por
Aldo Scarpa – dic. 2019
“Cabildo
Abierto” es un partido fascista. Pero, ¿cuál es la necesidad de esta
definición, su importancia? ¿Es acaso una exquisitez teórica, una inclinación
por las disquisiciones abstractas, intelectuales? No; por el contrario, es una cuestión
urgente, una exigencia política-práctica insoslayable para la izquierda, para
el progresismo, para el democratismo consecuente. Hace ya muchas décadas aprendí que el
fascismo no llega al poder de golpe sino tras una escalada regresiva, más o
menos larga, en la cual se van produciendo los reajustes reaccionarios de toda
la vida social; en lo político, en lo cultural, a nivel jurídico, etc. Y también aprendí que cuanto antes se detecta
el fascismo, cuanto antes se le denuncia, se crea conciencia social sobre su
presencia y significado y se aplica una política acertada y consecuente para
combatirlo y derrotarlo más fácil es evitar su ascenso.
Pero, cuando
decimos fascismo debemos cuidarnos de vulgarizar su significado, el fascismo no
es un insulto para enrostrar a un adversario circunstancial por una posición
conservadora o reaccionaria sobre una cuestión dada o por ciertas inclinaciones
arbitrarias, autoritarias. No, el
fascismo es otra cosa. ¿Qué es el
fascismo? ¿Qué lugar ocupa en la
historia? Es un sistema político que
surge en una fase dada de la evolución del capitalismo. Es decir, cuando el capital financiero se
convierte en la facción hegemónica de la clase burguesa y el capitalismo
deviene imperialista. Por lo cual, el
fascismo se transforma en un fenómeno inherente, siempre presente en la
sociedad capitalista, ora latente y a la defensiva, ora abierto y a la
ofensiva, en tanto el capitalismo no puede superar ya esta hegemonía y su carácter
imperialista.
Es pura fantasía ingenua creer que las
transformaciones de todo género que se desarrollan en nuestra época afectan en
lo sustancial, en su esencia histórica-concreta los rasgos fundamentales de
esta fase del capitalismo. Es confundir
apariencia y realidad, fenómeno y esencia; incapacidad de comprender la
dialéctica que rige la relación entre estas categorías. Detengámonos un momento en estos rasgos
fundamentales de nuestra época, no a través de la mirada de revolucionarios “ortodoxos e irredimibles”, sino de
actores insospechados de tales pecados.
1.
El proceso de centralización del
capital se profundiza y con él la desigualdad y la pobreza (no como un fenómeno
abstracto, sino histórico-concreto): ocho personas en el mundo tienen la misma
riqueza que la mitad de la población mundial (dos mil quinientas o tres mil
millones de seres humanos), datos recientes de la ONU.
2.
El carácter del capitalismo “parasitario y en descomposición” de la
fase financiera e imperialista detectada por Hilferinig en su estudio sobre el
capital financiero y criticado por Lenin por no dar a la cuestión la
importancia que tenía, por no resaltar la relevancia fundamental de este
fenómeno, que no disminuye sino que se acentúa tal como lo enseñan las
sucesivas crisis del capitalismo hasta llegar hasta la crisis del 2008 sobre la
cual los analistas más optimistas sostienen que se va saliendo lentamente,
mientras los otros afirman que no está para nada claro como se superará la
misma.
3.
Sólo una posición interesada o una
ingenuidad política puede alimentar expectativas en los pueblos sobre la
posible superación del imperialismo y la guerra y el armamentismo que le son consustanciales,
sembrando la falsa esperanza de que bajo el capitalismo pueda triunfar la paz.
Trece conflictos armados, invasiones militares, guerras en menos de treinta
años asolaron y asolan el mundo con la característica de que los mismos no terminan,
sino que continúan, con la novedad de que los grandes medios de comunicación le
dan sus quince minutos de fama a unos y a otros de forma alternativa según la
conveniencia de las potencias imperialistas.
No vayan a creer que son datos de la internacional comunista. No, es lo
que dice la ONU. Ni hablar del
agravamiento de la situación internacional por los crecientes conflictos entre
las potencias y bloques al que asistimos no en 1914, sino en 2019.
El fascismo es
la expresión política del capital financiero cuando este advierte que la
democracia se ha convertido en un estorbo y es necesario despojarse de
ella. Es su poder directo, una dictadura
“abierta y terrorista”, decía
Dimitrov, contra la clase obrera, las clases subalternas, los comunistas, el
marxismo, el movimiento revolucionario, pero que en su expansión ya no se
detiene siquiera ante la democracia, los políticos liberales y lo mejor de la
cultura, el pensamiento, el arte, etc. Cuando el fascismo logra asentar su influencia
a nivel de masas, ella suele tener más éxito sobre elementos de la pequeña
burguesía temerosa y descontenta atraída por la demagogia típica del fascismo y
el reclutamiento de elementos para montar las provocaciones y los crímenes
típicos del fascismo se produce entre el lumpen.
Entonces, el
fascismo no es un fenómeno nuevo en el Uruguay.
Estos sectores estaban en la sombra esperando el momento para volver a
entrar en escena y ese momento ha llegado.
Y la expresión de este momento es “Cabildo Abierto”. Hasta ahora estos sectores se expresaban más
o menos camufladamente a través de los sectores más reaccionarios de los
partidos tradicionales. Lo nuevo, en
nuestro país, es que ahora se han organizado de manera independiente, separada,
como partido fascista. Se han
envalentonado impulsados, por un lado, por evidentes condiciones
internacionales y regionales y, por otro, por factores del proceso político
concreto de nuestro país que debemos analizar cuidadosamente. Quizás un elemento positivo de este fenómeno
de cara a la lucha que se avecina para derrotar o disminuir este tumor en el
cuerpo de la sociedad uruguaya, sea comprobar en que medida este movimiento ha
depurado a los partidos tradicionales de sus elementos más reaccionarios
permaneciendo en su seno las tendencias liberales y democráticas. Por otra parte, debemos estar alertas y
aguzar nuestra inteligencia para no cometer errores estratégicos y
tácticos. Sin olvidar que siguen siendo
una minoría absoluta en nuestro país.
¿Por qué
decimos que “Cabildo Abierto” es un partido fascista?
En primer lugar, porque se inscribe en la
estrategia del capital financiero norteamericano y el gobierno de Trump. Y sería una candidez, por lo menos
inaceptable, sostener que aliada a ella no está la oligarquía financiera
criolla.
En segundo
lugar, porque “Cabildo Abierto”, es la pata de extrema derecha en Uruguay de la
contraofensiva iniciada por el imperialismo yanqui en nuestro continente contra
la izquierda, el progresismo y la democracia.
Paraguay, Venezuela, Brasil, Ecuador, Bolivia… ¿Uruguay? Contraofensiva como en los años 60 y 70,
¿casualidad o necesidad histórica del sistema capitalista? Dicen que el ser humano es el único animal
que tropieza dos veces con la misma piedra, ¿cuántas veces tropezarán algunos
compañeros de izquierda que vacilaron en estos años mientras se les iban
tendiendo celadas a nuestros hermanos? Que no nos suceda lo que nos advertía
Brecht, cuando nos toque a nosotros que no “sea
tarde”. Cuando se desclasifiquen los
documentos de la CIA quizás nos avergonzaremos de aquellas vacilaciones.
La demagogia
típica del fascismo está presente desde un inicio. Al igual que Hitler que denominó
nacional-socialista a su partido, iguales siniestros personajes nativos
denominan a su partido “Cabildo Abierto”, prestigiosos instrumentos políticos
que se asocian a la gesta revolucionaria artiguista, al sistema democrático y al
protagonismo de las clases subalternas (desde el indio Andresito hasta el
“pardo” Encarnación Benítez), acontecimientos, gobiernos y clases sociales que
deploran estos fascistas criollos.
Que la retirada de “Reina de la Teja” de 1991,
en tiempos de dura derrota internacional, limpie y salvaguarde el nombre de
estos hitos maravillosos de nuestra historia:
“Si hay Cabildo Abierto todo el pueblo anda
despierto remodelar la ilusión la batea se levanta se duplica y agiganta pueblo
y Reina es carnaval y amor”.
Demagogia
fascista es el discurso de Manini Ríos la noche del 27 de octubre, cuando apela
a los “débiles”, a su protección y cuidado estableciendo una relación paternalista
y de dependencia personal. Pero,
¿quiénes son los débiles?, una masa amorfa, una abstracción. Aquí no aparecen las clases sociales, los
sectores subalternos capaces de organizarse independientemente y elevar su
nivel de conciencia con pretensión hegemónica.
Por el contrario, las organizaciones de los trabajadores, los
estudiantes, la cultura, los movimientos reivindicativos, los verdaderos “débiles”
bajo el capitalismo, serán reprimidos por “Cabildo Abierto”, como lo fueron en
el pasado reciente. Esta demagogia combina
perfectamente con el objetivo del fascismo de volver a verticalizar
artificialmente las contradicciones sociales, evitando la horizontalización
real de las mismas que facilita la toma de conciencia de las clases sociales
oprimidas.
¿Qué
significa la “verticalización artificial
de la sociedad”? Es la política de
las clases dominantes destinada a imponer en la conciencia popular
contradicciones falsas, artificiales, que impiden a la clase obrera y a las
capas subalternas asumir una posición de clase, un punto de vista independiente
y, en consecuencia, una acción independiente ante las contradicciones reales
que dividen a la sociedad y que evite ser arrastradas por los intereses y
objetivos de las clases dominantes sino, precisamente, en contra de estos. Se trata de dejar inermes a los trabajadores
y a los pueblos, incapacitados para comprender el carácter artificial de tales
contradicciones y, consecuentemente, en condiciones de subordinarse a la
política de la clase hegemónica. Ésta al
imponer la falsa contradicción, la “verticalización
artificial de la sociedad”, logra encolumnar tras de sí a sectores de
trabajadores, a las capas medias, etc. La clase capitalista consigue así dividir y
enfrentar entre sí a los sectores populares por “abajo” mientras consolida su hegemonía “arriba”.
Un ejemplo
clásico lo encontramos en la situación de Alemania e Italia tras la primera
guerra mundial. Las potencias
capitalistas vencedoras impusieron a ambas potencias derrotadas, Tratado de
Versalles mediante, condiciones humillantes y antipacifistas. Una venganza imperialista que ya llevaba en
sus entrañas la futura guerra. Hitler y
Mussolini supieron aprovechar al máximo la política antidemocrática de los
vencedores de la guerra, convirtiéndola en un arma invalorable para, mediante
la demagogia propia del fascismo, ganar a sus pueblos y subordinarlos a su estrategia
fascista, guerrerista y revanchista. El
nazi-fascismo consiguió así “verticalizar
artificialmente” las contradicciones sociales: la contradicción ya no
consistía en los intereses y la lucha de la clase obrera y los pueblos alemán e
italiano contra sus oligarquías financieras que, en defensa de sus intereses de
clase, lo llevaron a la guerra, a la muerte, a masacrase contra otros pueblos;
sino que se subordinaron a los intereses y a la política de la clase dominante,
ahora la contradicción consistía en vengar la humillación impuesta a la
“patria”, a la “gran nación” alemana e italiana. Objetivo que unía verticalmente a toda la
sociedad tras la dirección del capital financiero embarcado en una segunda
guerra por la revancha en torno al “reparto
del mundo”. Como veremos, es típico
del fascismo en su política de subordinación irracional de la sociedad, imponer
en el imaginario colectivo la falsa contradicción caos-orden.
Detengámonos
nuevamente en la corta pero aleccionadora locución de Manini Ríos el 27 de
octubre. Los valores conservadores y
las ideas reaccionarias a las que son particularmente proclives los fascistas
vertebran la oratoria y son bien contextualizadas por el tono de voz, los
gestos y la postura física. Tal el caso
de la apelación a la idea de “orden y
progreso” y la recurrente y sistemática cuestión de la seguridad. La falta del necesario orden conduce al descaecimiento
de los “valores” y las “tradiciones”, lo cual hace
imprescindible la seguridad que nos previene de los supuestos ataques de los “enemigos”. El agitar e insistir sobre estas ideas
contribuye a crear un irracional sentimiento de inseguridad y desamparo (esta
estrategia ya la vienen desarrollando de manera persistente los grandes medios
de comunicación, ¡en uno de los países más seguro del continente y
probablemente del mundo!).
Pero la
presencia del fascismo supone siempre un accionar dirigido a provocar este
clima de caos que genere las condiciones para dividir artificialmente, “verticalizar” la sociedad, entre los que
provocan el “caos” y los que quieren
el “orden” y sobre un clima de
irracionalidad imponer la contradicción caos-orden. Los grupos de provocadores, los aparatos paramilitares,
los escuadrones de la muerte, que actúan en la sombra son inherentes al
fascismo como instrumentos encargados de crear la atmósfera de caos. A través de provocaciones, acciones
violentas, se intenta confundir a la ciudadanía difundiendo que las mismas
fueron realizadas por las organizaciones sindicales, los estudiantes, la
izquierda, etc., para aislar a estos sectores de las masas populares para
reprimirlas o eliminarlas. O llevar a
sectores del movimiento popular o de la izquierda al terreno del “golpe por golpe”, el caos y el descaecimiento
de la democracia. Este es, finalmente,
el escenario propicio para el golpe fascista.
Este es el conocido y típico accionar del fascismo.
No se trata
de falsas alarmas, pero, menos aún, de ser irresponsable. ¿En qué momento de la escalada nos
encontramos? El partido fascista ya
existe. Y, ¿Qué significan los
intentos de crear alarma sobre supuestos posibles fraudes electorales? ¡En Uruguay, ni más ni menos! En la misma media mañana del mismísimo 24 de
noviembre comenzaron a difundirse mensajes y comentarios confusos sobre
disturbios en algunas zonas de Montevideo.
No sería responsable tratarlos como hechos casuales, ingenuos. Quizás estén ensayando las primeras pruebas,
a ver que pasa… Son particularmente
interesantes las referencias a posibles fraudes. Obsérvese, se repetiría la receta: Venezuela,
Bolivia, etc. ¿Casualidad? o repetición
a pie juntillas del manual elaborado por la CIA y puesto a la moda para
consumar lo que algunos analistas han calificado como un nuevo tipo de golpe de
estado. Lo cual es absolutamente
verosímil si tenemos en cuenta que en su época el nazismo proclamaba
abiertamente que llegaba para sustituir a la democracia liberal, que era un
sistema político débil para defenderse de sus “enemigos”. Cuando tocó la
hora del fascismo en América Latina, el mismo estaba absolutamente
desprestigiado ante los pueblos, por lo cual, nuestras dictaduras no se
proclamaron como un régimen sustitutivo de la democracia, sino que llegaban
para defenderla. Ante el rechazo de
nuestros pueblos a las dictaduras y la profundización de su conciencia
democrática, los golpes de estado actuales se producen, ¡curiosamente! para
defender a la democracia de los “corruptos”
y los “fraudes electorales” de
gobiernos electos democráticamente.
Aquí también
se puede detectar la demagogia fascista.
“Cabildo Abierto” hace referencia a la patria, al nacionalismo, a los
valores y tradiciones de forma insistente.
Sin embargo, se trata de un nacionalismo local, estrecho, anti-latinoamericanista. En tanto, no son más que un instrumento
servil de la contraofensiva yanqui contra los pueblos hermanos y contra su
propio pueblo.
Las ideas
reaccionarias, el oscurantismo irracional, el anticomunismo cerril, la servil
subordinación a la estrategia yanqui para el dominio y esclavización del
continente, en fin, su absoluta reacción contra la democracia la delata el
panfleto fascista publicado en la revista “Nación” y difundido por el Centro
Militar, presidido por Silva Valiente integrante de “Cabildo Abierto”.
“Este
domingo culminará el proceso de redención de los derechos y valores del pueblo
oriental, heridos, socavados, despreciados por quince años de asonada
frenteamplista”.
Para el panfleto
fascista los derechos y valores del “pueblo
oriental” heridos han de ser la libertad y el derecho a impedir y perseguir
la organización de los trabajadores o los estudiantes; la libertad y el derecho
de hacer trabajar a los trabajadores rurales 16 horas diarias y que las
trabajadoras domésticas trabajen sin protección ni derecho alguno; la libertad
y el derecho de los empresarios a fijar salarios y condiciones laborales a su
antojo; la libertad de enajenar a la mujer el control sobre su cuerpo; la libertad
y el derecho a la discriminación racial y la negación a la reparación de siglos
de explotación y opresión; la discriminación nacional y exclusión de los
hermanos inmigrantes herederos del crisol de razas y nacionalidades que
formaron nuestro pueblo, etc. Pero
estos no son los valores y derechos “heridos”
del pueblo oriental. Sólo son los
derechos y valores de la rosca financiera, de una recalcitrante minoría de
nuestra sociedad con mucho poder y de los fascistas.
Y,
naturalmente, el panfleto fascista no pierde la ocasión para reafirmar su odio
más sagrado: a la clase obrera y la organización sindical, a los estudiantes y
la cultura, al marxismo y, por supuesto, a los comunistas:
“Pero
también será el inicio de un compromiso en favor de la restauración de los
vínculos que desde siempre unieron a los uruguayos y que la larga prédica y práxis
del marxismo casi pone al borde de la irredimible bancarrota”
Aquí está el
caos que nos llevará al abismo e incluso:
“…el intento claro de destruir la familia
tradicional, la voluntad por envilecer las relaciones sociales en base al
resentimiento y las divisiones artificiales, …”
O sea, todo
puesto de cabeza con el objetivo de oscurecer la conciencia de los
pueblos. Se trata de negar las
verdaderas contradicciones sociales, las contradicciones e intereses de las
clases sociales; es decir, la horizontalización real de la sociedad,
considerándolos “artificiales” y
productos del “resentimiento”, para
poner en su lugar contradicciones, estas sí “artificiales”, del tipo caos-orden. Esto expresa la necesidad del fascismo de
establecer en la conciencia del pueblo la verticalización artificial de la
sociedad sobre contradicciones falsas (“nacionales-foráneos”,
“orden-subversión”, etc.).
Más adelante,
dando muestras de su carácter apátrida y su servilismo a la estrategia
norteamericano repiten como loros los ataques a los puntos neurálgicos de la
contraofensiva yanqui sobre “nuestra
América”:
“Los
oscuros manejos de una política exterior corrupta y obsecuente dictada desde La
Habana y financiada con el dinero sucio de la corrupción venezolana.”
Estos siervos
nostálgicos sueñan con el maloliente panamericanismo, ¡nada de latinoamericanismo!
Y, por
supuesto, los fascistas no pueden esconder su papel reaccionario y contra
revolucionario en la historia y la irracionalidad inherente a dicho papel, por
eso terminan el panfleto exteriorizando su odio más profundo. Así, los hospitales se habrían convertido en:
“…cajas
de financiamiento de los inmorales dirigentes comunistas”.
“El
marxismo debe empezar a ser definitivamente extirpado del horizonte de nuestro
destino nacional”.
“Para
terminar definitivamente con las muchas dolencias que nos habrá de dejar esa
terrible pesadilla llamada Frente Amplio”.
Aquí estamos
ante otro ingrediente inherente e imprescindible del fascismo: oscurecer, por
medio del caos y el miedo que provoca, la conciencia de las masas llevándolas
al punto de la irracionalidad y la creación de la necesidad de un “salvador”.
Pero de esto
se encarga Domenech. Cuando Domenech
dice que después de doscientos años (el demagogo se está refiriendo a Artigas
que está en las antípodas de su pensamiento) la mano de dios nos dio al hombre
destinado a “salvar” la patria; el
irracionalismo propio del fascismo. Y
el círculo se cierra con la aparición necesaria e irracional de el “salvador”. Y para no dar lugar a vaguedad alguna
Domenech es claro: el “salvador” es Manini Ríos.
Volvamos al
principio. El compañero Ruben Yáñez
enseñaba que el fascismo no llega al poder de golpe, requiere una escalada
regresiva que cree las condiciones para su ascensión y usurpación exitosa del
poder. Cuanto antes se detecte y se
tome conciencia a nivel popular de la amenaza que se cierne sobre el pueblo y
la democracia más fácil será evitar su éxito.
Estamos a tiempo, aún son una minoría.
En este proceso el fascismo necesita crear un clima de caos para
oscurecer el carácter horizontal de clases de las contradicciones sociales y
sustituirla por contradicciones artificiales que verticaliza la sociedad. De esta manera impone la contradicción
caos-orden, para imponer este clima se utilizan dos mecanismos fundamentales:
la mentira, tiene los medios para difundirla (Goebbels decía que una mentira
repetida mil veces adquiere el carácter de verdad) y la creación de aparatos
paramilitares y de provocaciones. El
caso clásico de la utilización de esos aparatos en la historia fue el incendio
del Parlamento alemán por los nazis en 1932 y la acusación inmediata a los
comunistas, lo que le permitía a Hitler asumir el poder absoluto en
1932-33. En nuestro país el fusilamiento
de los comunistas en 1972 buscaba cumplir el mismo efecto, que se correspondiera
en el mismo terreno para eliminar al Partido Comunista. Sin embargo, en lugar de caer en el golpe
por golpe, el PCU y el pueblo uruguayo convirtió el entierro de los compañeros
en un multitudinario acto de masas.
¿Qué busca el
fascismo con estas acciones? Llevar al movimiento popular y a las fuerzas
democráticas a este terreno creando el clima de caos en la sociedad y de esta
manera destruir la democracia y masacrar a los pueblos. ¿Cuál debe ser la
respuesta de los demócratas, de los antifascistas? La denuncia y conciencia popular, la
organización y la movilización de las masas, siempre la respuesta de las masas
organizadas para aislar al fascismo.
Si el
fascismo logra instalar este clima el siguiente paso es promover la
irracionalidad y encontrar al culpable (en el caso de la Alemania hitleriana
los sindicatos, los comunistas y los judíos).
En la versión uruguaya del siglo XXI los culpables serían: el PIT-CNT,
el Frente Amplio, y la praxis del marxismo.
Finalmente,
la salvación ante el abismo es la aparición de un “salvador” (el Fhurer, el Duce, el Generalísimo Franco, ¿Manini
Ríos? Para alcanzar este momento les es
imprescindible haber generado un clima de irracionalidad absoluta. Y en
ese sentido, la afirmación de Domenech también tiene su antecedente en nuestro
pasado reciente. Por ejemplo, cuando
Raumar Jude afirmó: “Yo estoy con Pacheco, porque Pacheco es
Pacheco y nada más que Pacheco”.
Es decir,
estamos una vez más ante el fascismo. Y
se explica, porque la hora de la política yanqui para nuestro continente es la
contraofensiva antipopular, antidemocrática y contra-revolucionaria. Entonces, vuelven a recurrir a sus “buenos
hijos de perra” como ellos
llaman a los ejecutores de estas políticas.
Lo último que se puede hacer, lo más ingenuo políticamente e
imperdonable es creer que estamos ante unos locos sueltos. ¡NO! Estamos ante fascistas sostenidos por
fuerzas muy poderosas. No se trata de
paralizarnos, sino de denunciar y crear conciencia a nivel de nuestro
pueblo. Defender la democracia y aislar
al fascismo del apoyo de las masas, no dejarlo crecer.
Ante esta
situación, la política del movimiento popular y de la izquierda debe ser clara,
movilizar y negociar. Enfrentar al
nuevo gobierno y luchar contra las medidas que hagan retroceder los derechos
conquistados y contra los intentos de retrotraernos a las políticas
neoliberales. Pero al mismo tiempo,
tendremos que estar atentos ante la nueva coyuntura. Sería un gravísimo error y una política
infantil confundir a las expresiones políticas de la burguesía liberal
(especialmente los Partidos Tradicionales), con el fascismo. Si se trata de la lucha contra el fascismo y
en defensa de la democracia el campo de las convergencias se amplia y si hay
voluntad política y decisión de las fuerzas democráticas incluidas, por
supuesto, el resto de la “coalición multicolor”, en la lucha de impedir el
ascenso del fascismo el movimiento popular y la izquierda deben ampliar su
campo de alianzas siempre que sea posible.
Comprendiendo la dialéctica de amplitud-profundidad.
Brecht
llamaba a los pueblos a estar alertas, apenas finalizada la segunda guerra
mundial, porque “la perra que parió a la bestia parda está otra vez en celo”.
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