viernes, 3 de julio de 2020

Homenaje a "CRISTO"

Homenaje a Cristo    -    por Aldo Scarpa

    Supuestamente, hace más de 2000 años habría surgido un hombre al cual llamaban       “El Cristo”.  En realidad, no se sabe a ciencia cierta si un tal individuo existió o no.  En todo caso, caben dos posibilidades: una, se trata de la creación ideal de un pueblo; dos, se trata de un personaje histórico real.  En el primer caso, es la construcción fantástica, irreal, de un pueblo; expresión ideal de los anhelos y necesidades de dicho pueblo, una síntesis ideológica a través de la creación de un “hombre ideal”, de un imprescindible jefe político – “El príncipe” de Maquiavelo – pero irreal.  En el segundo caso, la aparición de un jefe político real, surgido de las entrañas de un pueblo oprimido que ansiaba otro destino.

    De ser así, se trataría de un jefe revolucionario que supo expresar a ese pueblo, que tuvo la capacidad de dirección y la energía para conducir la lucha de las masas enarbolando, además, un conjunto de valores universales que excedían los reclamos inmediatos de aquellos, que apuntaban al hombre en general, o sea abstracto, “universal”.  En tal sentido, en estos aspectos se trata de una formulación utópica, entendida como objetivo irrealizable, pues la evolución de la humanidad no había creado aún las condiciones materiales, objetivas, para resolver tales problemas, de ahí su formulación abstracta.  Ni más ni menos, por ejemplo, que un Saint-Simon y la creación genial de su comité central a través del cual se terminaría la anarquía en la producción mediante la regulación de las relaciones económicas y que establecería, sin lograr decir como se haría ni que clase social dirigiría el proceso, la armonía entre la producción y el consumo.  O en otro sentido contrario, la romántica añoranza de un pasado lejano en Rousseau.  En el mismo sentido se pronunciaba “Don Quijote” tras compartir la comida con los cabreros añorando; “aquella dichosa época y siglos dichosos en que los que en ella vivían ignoraban estas dos palabras de tuyo y mío”.

    Es decir, en tanto personaje histórico real aquel hombre expresa un momento, cual eslabón de una larga cadena, en la evolución de la lucha de los pueblos por la humanización del hombre.  En este proceso ascendente los pueblos avanzan y crean nuevas condiciones que acercan a aquel objetivo y de sus entrañas surgen jefes políticos que son expresión de cada momento histórico concreto.  De dicho proceso y, al mismo tiempo, se transforman en catalizadores del mismo y son aprendices adelantados y educadores del educador. 

   También aquí estamos ante un proceso de acumulación.  Un proceso de aproximación al “Cristo”.  Desde Espartaco a Robespierre o Saint-Just, desde Tupac Amarú hasta “el Protector de los Pueblos Libres”, desde Simón Bolívar hasta Martí, desde Parsons, Spief o Engel, hasta aquella “águila” polaco-alemana.  Y en este devenir también se produjo un salto en calidad.

    Tú, no fuiste parte de una “Santísima Trinidad” ideal, con su compleja e irreal relación de tres en uno.  Tú, integraste una “trinidad” real.  Los “padres fundadores” no concibieron ni crearon un mundo, tampoco evadieron responsabilidades con la excusa del “libre albedrío”.  ¡NO! Se comprometieron con su época y con la lucha de los trabajadores, con los pobres del mundo.  Estudiaron científicamente las leyes que rigen la evolución histórica de la sociedad y, en particular, las leyes que rigen el desarrollo de la sociedad capitalista.  No prefiguraron el destino del hombre, no le ofrecieron el paraíso en el cielo, ni la salvación después de la muerte, sino que fundamentaron de manera concreta el camino de la liberación de los trabajadores. 

    Y tú, su “hijo” predilecto, desarrollaste consecuente y creadoramente sus ideas en las nuevas condiciones, la teoría devino práctica concreta de millones de seres humanos.  La teoría de los “fundadores” se transformó en portentosa fuerza histórica.

    En este sentido, tú eres “El Cristo”.  Tú, hiciste en realidad pasar el enorme “camello”, los pobres del mundo, por el “ojo” de la “aguja” y demostraste que de verdad los “ricos” no entrarían al “reino de los cielos” en la tierra.

    Tú, fuiste el artífice y el inspirador de la descomunal proeza de consolidar por primera vez el poder de los trabajadores y las masas populares e iniciar la tarea de sentar las bases para construir una sociedad, en que los hombres se amaran;” los unos a los otros”.  Tú, fuiste quien en verdad echó a los mercaderes del “templo”, pero hiciste mucho más, expulsaste a una fuerza mucho más poderosa y siniestra, al capital financiero monopolista.

    Tú, que desde lo más hondo de tus entrañas cultivaste el odio más profundo y consecuente por el capitalismo y el amor más comprometido y fiel por la clase obrera y los pueblos.

     Tú, que supiste ver y enseñar el significado histórico, económico y político del imperialismo.  Tú, que eres el antimperialista por antonomasia. Tú, que fuiste el defensor más consecuente y radical del derecho de las naciones y los pueblos a su autodeterminación. Al respecto bastaría recordar tu polémica con Juinius, ¡ni más ni menos!  Tú, que cuando se trataban las cuestiones sobre la fundación del nuevo y luminoso estado obrero, combatiste y derrotaste a la tendencia sobre la “autonomización” y consagraste la independencia de todas las repúblicas, la libre y voluntaria unión y la libre y voluntaria separación de las mismas. Tú, que siendo ruso odiabas y enfrentabas el orgullo “Gran Ruso”.

    Tú, “creador de la hegemonía”, como decía el gran italiano al que cautivaste y al que cierta intelectualidad europea ha “secuestrado” y ultrajado impunemente.  Tú, que en consecuencia, enseñabas que la clase dirigente de la revolución era la clase obrera y que el partido era el partido de dicha clase.  Pero, que la revolución se basaba en la democrática alianza obrero-campesina y, que si la misma se resquebrajaba la revolución corría riesgo de inminente derrota.  Tú, que indicabas que, al enemigo de la clase, a la burguesía, se le puede “cortar la cabeza”, pero con los aliados se debe establecer una relación democrática, pues de quien se espera “confianza” y “entusiasmo”, nada se logra mediante la imposición.  Por el contrario, en esta fundamental cuestión política el único camino revolucionario era el de la “persuasión”, mediante un largo y paciente proceso de ejemplo, intercambio y experiencia. 

    Tú, que concebías la construcción del socialismo como un acto de libertad, “experimentar” y volver a “experimentar”.  Iniciar la tarea y si se detectan errores o se comprueba que la dirección adoptada es incorrecta se vuelve sobre los pasos, se desanda el camino y se vuelve a empezar una y otra vez.  Así aconsejabas, así concebías la construcción de la nueva sociedad.  En fin, tú, que no concebías a la NEP como un movimiento táctico, sino que era tu concepción sobre la construcción del socialismo en las condiciones de la Rusia atrasada.

    Tú, a quien jamás se le ocurrió saldar las diferencias con tus camaradas mediante la utilización de la coerción y la violencia.  Tú, que jamás abusaste ni utilizaste del poder consensuado y espontáneo que te concedían las grandes masas para imponer tus convicciones y tus criterios. Tú, que aplicaste la violencia como respuesta, como defensa, que siempre que pudiste elegir optaste por el debate democrático para convencer y explicar, para avanzar.  Tú, que siempre optaste por el intercambio democrático en las relaciones con tus camaradas, así fuera en la consideración de la conducta de Kamenet y Zinoviev cuando los episodios de octubre del 17, o cuando se planteaban las desavenencias con Trotsky y su “no bolchevismo”, o los debates con Bujarin por su “incomprensión de la dialéctica”.  Precisamente, estas radicales convicciones democráticas y humanistas son las que explican tus sugerencias y advertencias sobre la necesidad de no mantener a Stalin en cargos en los cuales se había concentrado mucho poder.

    Tú, que en el intercambio epistolar con Inés, intentabas explicar tu punto de vista: la cuestión no es su consideración subjetiva sobre la consigna “amor libre”, en lo cual seguramente coincidimos, decías.  La cuestión era su connotación histórico-política, su significado objetivo, de clase.  En este sentido, “amor libre” significa: la falta de seriedad en las cuestiones del amor, la libertad de adulterio, etc.  Y estas reivindicaciones no tienen nada que ver con los intereses de los trabajadores.  No es una consigna proletaria, sostenías.  El punto de vista de clase en la cuestión de “la liberación de la mujer” no reivindica que la mujer sea igual al hombre ni viceversa, sino que absolutamente nada puede prohibirse a la mujer por ser mujer.  Se trata, en primer lugar, de la lucha por la creación de las condiciones materiales que garanticen tal objetivo y, al mismo tiempo, la destrucción de las falsas ideas, prejuicios, que pesan sobre las mujeres y las mantiene dominadas.  En este sentido, el nuevo Estado que dirigiste, en sus primeros años consagró para la mujer los Derechos que las Repúblicas burguesas más democráticas no habían reconocido en más de 200 años. 

    Tú, que tras el triunfo de la revolución abriste el camino para el amplio y libre desarrollo de la creación artística.  Para la amplia difusión de las vanguardias, desde Tatlin y el monumento de la III internacional a la poesía de Maiacovski.  Tú, cuya alegría era incontenible cuando comprobabas la elevación y explosión cultural que provoca toda revolución popular.  Tú, que gustabas hablar con aquella bulliciosa y entusiasta juventud en las universidades.  Les preguntabas por lo que leían y te respondían que estaban maravilladas con tu tocayo.  Tú, sonriente les contestabas que te atraía más Tolstoi, etc.  Mientras, aquel joven poeta te dedicaba también a ti sus versos.

    Tú, eres “El Cristo”.  No porque seas un ser para idealizar y venerar, no porque seas un Dios, ¡nada más lejos de Dios!  Fuiste absolutamente terrestre. (cuentan tus allegados, tus camaradas más cercanos, de tu humor y de tu carcajada contagiosa y tu placer de jugar y reírte con los niños).  Por cierto, nada de lo humano te fue ajeno.  Fuiste el demócrata por excelencia.  La expresión individual más acabada y consecuente de la democracia.  Tú, eres “El Cristo” porque tu iniciaste la verdadera nueva era.  Tú, iniciaste el salto de la prehistoria de la humanidad a la verdadera historia del hombre.

    ¡Salud, 150 años junto a los trabajadores y los pueblos!

 

“No existió nunca

Un hombre más terrestre

Que V. Ulianov”

“Lenin sostuvo un pacto con la tierra.

Vio más lejos que nadie”.

 

De “Oda a Lenin” – Pablo Neruda

 

 

“Tú eres la nobleza del hombre

En ti empieza un nuevo linaje universal

Y así como tu vida fue la vida de la vida

Tu muerte será la muerte de la muerte”

 

De “Elegía a la muerte de Lenin” – Vicente Huidobro

 

 

“¡Oh pueblo que venciste a tu enemigo,

Lenin está contigo,

Como un Dios familiar simple y risueño,

Día a día en la fábrica de trigo,

Uno y diverso universal amigo,

De hierro y lirio de volcán y sueño!”

 

De “Lenin” - Nicolás Guillén

  

 

p.d.

    …Aquella era una mañana calurosa, agobiante.  El galpón había quedado desolado.  Correría el año 1982, yo tendría catorce años.  En la puerta de al lado ya no quedaba nadie, las mujeres y los niños ya habían pasado. En la otra puerta, la nuestra, quedábamos un muchacho unos años mayor y yo.  La “milica” abrió la puerta, miró y preguntó: ¿Quedan sólo ustedes dos?  Le respondimos que si e inmediatamente ordenó: pasen los dos.  Durante la “revisación” percibí que algo pasaba entre el compañero y la “milica” que lo revisaba.  Cuando salimos camino a la sala de espera, mientras desde la cabina los “milicos” nos abrían el portón alambrado, aquel muchacho me preguntó: ¿viste lo que pasó con la “milica”?

    Lo miré y le dije: sí, algo sentí, pero no entendí que pasó.

    Me dijo, la “milica” me preguntó cómo me llamaba, y le respondí: Vladimir.

    Lo miré y seguimos caminando.

    Cuando llegué al galpón entré, el murmullo permanente de los adultos, el griterío y las corridas de los niños, di la vuelta y salí.  Me senté en uno de los bancos de afuera, precisamente el que estaba frente por frente a la puerta por donde se entraba a la visita de los mayores, los largos bancos, el vidrio de por medio, los tubos de los teléfonos…

    Enseguida se acercó aquel muchacho y se sentó en el banco a mi derecha.

    ¿No entendiste lo que pasó?, me preguntó.

    No, le respondí.

    Es que Vladimir Ilich Lenin se llamaba el jefe de la revolución rusa, de los bolcheviques, me dijo.

    ¡Todo se iluminó en ese momento!

    El nombre completo, la palabra bolchevique…

    ¿En qué momento aquellas palabras habían accedido a mi cerebro? ¿En qué rincón oculto del inconsciente se habían sumergido? ¿Qué palancas se activaron inmediatamente en ese momento para volverlas a la superficie, para que las recuperara la conciencia?

    Aquella tarde, al volver del Penal de Libertad, en cuanto pude me zambullí en la vieja biblioteca delante de la cual pasaba diariamente sin detenerme en ella. Aquella biblioteca requisada en más de una ocasión por hombres de particular.  La biblioteca de madera negra hecha por Juan Carlos, el viejo anarquista que votaba al FA.

   Tenía absoluta conciencia de cuál era el objetivo a alcanzar.  Busqué y no lo encontré.  En un momento me encontré con un libro pequeño, de tapa azul y letras negras, su título decía más o menos así: “Teoría y táctica del movimiento comunista internacional”.  ¿De quién era?  Leí, “Liga anticomunista asiática”, exactamente lo contrario a lo que esperaba encontrar.  Seguí buscando y encontré otro libro, algo así como “Teoría y práctica del movimiento comunista”, el autor, no lo recuerdo, pero era un “gringo”, por alguna razón me di cuenta enseguida que debía desecharlo.  Estaba un poco desalentado, suponía que era poco probable encontrar lo que buscaba en esa biblioteca violada por los requisadores y “vaciada” por manos previsoras para “salvar” los libros valiosos que habían logrado “escapar” de los ojos y manos requisoras.  En un momento estiré mi brazo hacia uno de los estantes de abajo, mi mano se posó en un libro pequeño, lo fui sacando mientras notaba que una hoja más gruesa, luego supe que era la tapa, quedaba en el estante entre los otros libros.  Miré la primera hoja, estaba en blanco, pero cuando elevé la vista leí: “Proletarios de todos los países uníos”.  Pasé a la página siguiente y encontré una foto que la cubría por entero.  Un hombre calvo, de traje y corbata, de bigote y “perita”, bajé la vista, una firma ilegible.  Pasé a la página siguiente, la vista hacia abajo: “Pekín 1966”.  Subí una vez más la vista y leí: “El Estado y la Revolución” (el mismo ejemplar que aún conservo en la biblioteca y en el cual leí esta obra unas tres o cuatro veces).  Mis ojos siguieron subiendo y leyeron en rojo, “V.I. Lenin”.

    ¡Por fin te había encontrado! 

     ¡Para siempre!

 

ALDO SCARPA  MERCANT                             

Montevideo, 30 de abril de 2020

 

martes, 21 de abril de 2020

T E S T A M E N T O


              T E S T A M E N T O   -     por:   Aldo Scarpa       
    
Somos cinco hermanos.                                                                                                                    
   Nuestro padre fue preso por primera en 1968, posteriormente destituido.
   De muy niño recuerdo los allanamientos en el apartamento de la calle Prato y luego abajo, en la que hoy es aún nuestra casa.
   Recuerdo también, durante la dictadura la llegada nocturna a casa de los hermanos Trejo, de Cachito o de Mario (en esos tiempos “Darío”), del “viejo” Capobianco, más adelante de Raúl Larraya, planificaban y realizaban “crímenes monstruosos”, como volanteadas y pintadas denunciando al fascismo o a los asesinos de Álvaro, de Nibia y…
   En 1975 mi padre se fue de casa, pasó a la clandestinidad. Lo veíamos algún domingo en la casa de la abuela “china” en Acevedo Díaz, o en otras oportunidades en AEBU.
   Si los domingos siempre tienen ese dejo de melancolía, por alguna razón aquellos eran particularmente tristes.
   Hasta el 27 de agosto de 1984 Mariana y Pablo, los dos más chicos, no conocieron a su padre en casa.
   A mediados de 1977 mi padre fue secuestrado y desaparecido. Tres meses de tortura.  Al mismo tiempo fueron detenidas por algunos días mi madre y la tía Renée, hermana de mi padre. Mi madre fue violada, producto de lo cual debió realizarse un aborto.  Durante aquellos días permanecimos los cinco en la casa de Prato, con la tía Zunel, nuestros cuatro primos de nuestras edades y la “China”.
  Luego transcurrieron más de siete años de visitas a los cuarteles y al Penal de Libertad.  Preparar la bolsa con el nombre y el número la noche anterior, rallar el jabón, levantarse de noche (a las 5 de la mañana), faltar a la escuela ese día, viajar en los peores ómnibus de “CITA”, el sueño y los vómitos en el viaje. 
  Llegar, recorrer largos caminos hasta los galpones cargando las bolsas de plastillera y los bolsos, congelados en invierno, agobiados por el calor en el verano.  A la vera del camino en sus canchas, los “milicos” jugando sus partidos de fútbol.  Luego someterse a las revisaciones; los varones mayores de 13 años por una puerta, las mujeres y los niños haciendo fila en la otra puerta.
  Las largas e interminables esperas para entrar a la visita.  En la sala de espera el gentío, el murmullo, los niños…y la “vieja Amanda” rezongando a un chiquito: “¿Y Ud. de que se ríe?” “¡Es muy chico para reírse!”.  Mientras, sentados nos reíamos con mi madre mirando como tres “miliquitos” con escobas gastaban su tiempo barriendo al mismo tiempo un espacio de dos x dos, al tiempo que unos “señoritos” con shorts y zoquetes blancos y sus raquetas, volvían de hacer sus deportes.
  Mi madre hacía limpiezas. A fines de los años 70, la posibilidad de quedarse en la calle ante la perspectiva del desalojo y el lanzamiento.
  En tanto, yo vivía y crecía asumiendo que no tener padre en casa iba a ser algo definitivo.  Nuestro pueblo cambió mi forma de ver la vida y, en definitiva, mi vida misma.  Me enseñó que tales circunstancias no eran una fatalidad.
  Después de jugar al fútbol toda la mañana y buena parte de la tarde, después de bañarme y permanecer inmóvil frente al televisor en blanco y negro, el último domingo de noviembre de 1980, a los 12 años, mi pueblo me lo enseñó.
  Alguien podrá pensar que todo esto fue muy doloroso y duro.  Por cierto, lo fue, y lo es.  Pero hay compañeritos, “hermanitos”, para los cuales fue mucho peor. ¡Siempre estamos y estaremos con ellos! 
   ¡Esta fue la "obra patriótica" de los "viejitos octogenarios"!
   ¡Criminales de guerra en un pais que no estaba en guerra!
   ¡ Criminales de un pueblo indefenso, asesinos de la infancia de niños!                                                                                                                                             
  Y, a pesar de todo, es nuestro el orgullo, gracias a la valentía de nuestras madres y padres, de haber estado en la primera línea de la lucha contra el fascismo y por la democracia.
  No se trató de una dictadura “cívico militar”, ¡fue otra cosa!, mucho más profunda y peligrosa.
  Así como tampoco el partido que dirige el señor Manini Ríos es un “Partido Militar”.  No es un problema de los militares, ni lo solucionamos con un antimilitarismo vulgar e infantil.
  No se trata de adjetivar gratuitamente. Nada más lejos de mí que las bravuconadas.  Se trata sí de algo profundo, de “pensar sin miedo” (diría el amado Patxi) para evitar que el pasado vuelva a ser nuestro presente.  Hitler utilizó la demagogia típica del fascismo denominando a su partido “Nacional Socialista”.  Sus émulos uruguayos, ultrajando a Artigas y su revolución, hacen lo mismo al llamar a su partido “Cabildo Abierto”.
  Se trata otra vez del fascismo, porque, como decía el gran dramaturgo alemán: “La perra está otra vez en celo” Y, como enseña la historia, hacer concesiones al fascismo es el peor de los errores.  Y, como también ha enseñado dolorosamente la historia, cuanto antes se detecta y denuncia al fascismo, cuanto antes se crea conciencia popular sobre el mismo, se crean mejores condiciones para derrotarlo.  Esta es nuestra tarea. Precisamente, para que:
                                                                 
 “NUNCA MÁS TERRORISMO DE ESTADO”

 PD:    
Tenemos otro combate por delante: defender las palabras.                                                              Sin usarlas correctamente, no se puede pensar correctamente.                                                   Hay que evitar el bastardeo de las palabras y, en primer lugar, de una “palabra sagrada”: AMOR.                                                                                                                                                                                                                                               Hay Hay que evitar que se manoseé, que se las utilice para poses, para las vidas de plástico.
Nadie añora el descanso, si no es porque se realizó el esfuerzo. 
Nadie desea la luz, si no es porque conoció la oscuridad.
Nadie ama de verdad la justicia, si no odia la injusticia.
Pero, nadie ama de verdad a las víctimas de la injusticia,
si no odia a los victimarios, a los agentes de la injusticia. 
No hay razón alguna para odiar a los adversarios.
¿Pero que hacer con criminales genocidas, con semejante degradación humana?

 “El final no tiene fin.                                                                                                                  ´
Ni tuvo inicio el comienzo.
Yo vivo siempre en camino.
Así mucho quiero y pienso.
Los amores que contengo son tantos, tantos y tantos. 
Los amores que contengo por ellos canto."     (Daniel Viglietti)
           
                "POR ELLOS VIVO"    -      ALDO SCARPA     
 
                                                                                                                        

Montevideo, 20 de abril de 2020                                                

domingo, 22 de marzo de 2020

La mayor pandemia del mundo: EL CAPITALISMO

   No se si la gravedad de la situación es de la magnitud con que se nos informa. Quizá lo sea,
seamos precavidos. Pero a lo que no estoy dispuesto, es a soportar la enajenación a la que
parecería estamos sometidos. No estoy dispuesto a repetir un “llamado a la ayuda colectiva y a
la solidaridad silenciosa” como forma de sobrevivencia a tan “grave pandemia”. 

Este clamor de no “politizar” en boca de los responsables de las verdaderas pandemias que asolan a la humanidad resulta de una hipocresía intolerable.  Ellos a quienes no se les mueve un pelo
porque cada minuto muera un niño de hambre.  De que el fondo del Mediterráneo sea un
cementerio de negros africanos.  Que poco les importó los estragos que hizo el SIDA, porque
seguro, eso era cosa de putos y putas, y además, que hasta eran pobres.  Porque de distraídos
nomás, nunca se les ocurrió unir a la humanidad para solidarizarse y ayudar sin banderas
políticas para mitigar las consecuencias aún vigentes de sus bombas atómicas en Hiroshima y su
napalm en Vietnam.  Pero bueno, eso lo hicieron otros que hoy ya no están, pero si están los
responsables de Palestina, de Irak, de Siria, en fin, de una lista de “pandemias” que cuestan la
vida de millones de seres humanos, y todos sabemos que fueron y son responsables los mismos,
ayer y hoy. 
   Pero hoy nos llaman a unirnos sin banderías, porque hoy esta “pandemia” no perdona a las
“prostitutas”, “maricas” y “cocainómanos” de la alta sociedad culta y rica, blanca, occidental y
cristiana. Y nos convocan a no politizar. 

   Mientras tanto la sensibilidad humanitaria del FMI le niega la ayuda al pueblo venezolano y nuestros “Lacallitos” votan a Almagro en la OEA.
   ¡Y Cuba! Bueno, sería redundante hablar de lo que todo el mundo sabe o por lo menos debería
saber, en torno a la desinteresada y monumental ayuda humanitaria que en materia de salud
realizó y realiza la pequeña isla asediada, invadida y bloqueada por el más grande imperio que
ha conocido la humanidad. Hoy 38 países, incluida Inglaterra, están recibiendo esa solidaridad.     ¿Y el imperio? no accede un ápice ante la necesidad de brindar la posibilidad de acceder a insumos básicos al pueblo cubano.  Mientras aquí, los “Talvicitos” le hacen un guiño a Trump y no participan a Cuba a la asunción del mando.  

   Para que seguir, sería interminable, estoy en este rinconcito del mundo y mi vida, se construye con el otro y en el otro, en una lucha permanente por el avance en las conquistas de derechos, de reivindicaciones y en la creación de una nueva y hegemónica subjetividad, convertida en condición objetiva para la construcción de la sociedad donde el hombre no sea lobo del hombre.         Por todo esto y mucho más, no me inhiben los aullidos hipócritas ni sus ecos inconscientes, aunque vengan cargados la mayoría de las veces con las mejores intenciones.  
   No voy a pecar de la hipocresía que deploro y en la medida de mis posibilidades
voy a hacer política, actuando y denunciando a los Sanguinetti, los Lacalle, a los Talvi, las
Arbeleche y los Alfie y a sus aliados fascistas de turno.  Se me dirá, la vida es suprema y está por
sobre cualquier otra diferencia.
 Y te diré; ese es un ideal que perseguimos y que costará mucho sacrificio y sangre conquistar.
Pero no ha sido ni lo es para los poderosos y ricos dueños del país. Lo prueban sus antecedentes no mi imaginación. 

   No los guía el “valor supremo” de la vida sino el “valor supremo” de la “tasa de
ganancia”.  No me los puedo imaginar con su “caridad cristiana” despojándose de pequeña
parte de su patrimonio para socorrer a las miserias humanas que ellos engendraron y que no habrá respirador que las salve del infierno al que han sido arrojadas.  

   No quiero mentirles y exhalar suspiros de amor en abstracto, No sé qué puede deparar el “coronavirus” a mis seres más allegados, a mis compañeras y compañeros queridos, a los viejos amigos y a tantos seres (sin dudas la mayoría) de nuestro pueblo de gente, como la gente. Estos sí, sin “banderas políticas”.
   Para ser moderado, les diré que poco me importa la suerte que les depare el COVID.19 a los
responsables por antonomasia de todas las “pandemias”.
 

LUIS SCARPA

 

lunes, 16 de marzo de 2020

Sobre el mito del "FIN DEL TRABAJO"

SOBRE EL MITO DEL “FIN DEL TRABAJO”.

El desarrollo de la ciencia y la tecnología como fuerza productiva directa.  El crecimiento de la capacidad productiva del trabajo.
” El fin del trabajo”.  ¿Un problema de la sociedad en general, de la humanidad?   ¿O el problema de un modo de producción especifico?


por:  Aldo Scarpa   -   febrero de 2020
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   Toda clase dominante, realmente dirigente, debe ser capaz de presentar sus crisis y desafíos como crisis y desafíos de toda la sociedad.  Toda clase para dominar debe comprobar y demostrar su capacidad hegemónica.  Es decir, debe lograr que el resto de las clases y grupos de la sociedad vivan e interpreten el mundo a través de los cristales de su hegemonía.  Las clases subalternas deben confundir sus intereses con los intereses delas clases dominantes o, mejor dicho, alienarse asumiendo como propios los intereses de las clases dirigentes en sustitución de los suyos propios.
  
   Tal lo que puede ocurrir con la falsa teoría, con la superficial afirmación de aparente evidencia probada sobre “el fin del trabajo”.  Por supuesto, no existe ningún riesgo, ninguna probabilidad, ninguna perspectiva real sobre “el fin del trabajo”, pues “el fin del trabajo” sólo sobrevendrá el día del “fin de la humanidad” ya que, el hombre y el trabajo – el trabajo y el hombre son inseparables, no existe el uno sin el otro.   Y este “apocalipsis” de la humanidad es algo que, por causa naturales aclaro, como se dice ahora, no está en la agenda.
  
   En todo caso, lo que está llegando a su “fin” histórico es, como ocurrió con tantas otras, una forma histórico – social del trabajo.  O sea, el trabajo asalariado.  Y, si esto es así, lo que está tocando a su fin es el modo de producción capitalista.  El desarrollo tecnológico no es la premisa de “el fin del trabajo”, sino todo lo contrario.   El desarrollo tecnológico es la premisa de una inimaginable ampliación y elevación de los horizontes de la capacidad creadora del hombre; es decir, del trabajo, porque no otra cosa es el trabajo en sentido general, humano.   Ampliación y elevación del trabajo, que no es de ninguna manera identificable en términos absolutos con el trabajo asalariado.   Más aún, si bien el trabajo asalariado aparece en la historia antes del surgimiento del actual modo de producción dominante, lo que si es cierto es que sólo con el advenimiento de éste se transformó en la forma de trabajo predominante y que el capitalismo no puede existir sin ella. 
  
    El capital es acumulación de trabajo, o plus trabajo abstracto-social, en manos del capitalista que debe valorarse incesantemente.   Y esta apropiación y acumulación de valor, de plus trabajo; o sea, el capital, sólo puede ser producto del trabajo asalariado.   El trabajo es la única fuente de valor.   Sin trabajo asalariado no hay capital ni capitalismo.   Lo que el desarrollo tecnológico pone en cuestión es el trabajo asalariado y, por lo tanto,
al capitalismo, o, dicho de otra manera, la evolución del capitalismo provoca un desarrollo tecnológico y una elevación de la capacidad productiva del trabajo que no tiene otro resultado que el cuestionamiento del trabajo asalariado como forma histórico – social del trabajo y, por consiguiente, del propio capitalismo.  En absoluto corre el más mínimo riesgo de desaparición el trabajo; ni tiene validez alguna la superficial teoría sobre “el fin del trabajo”.
  
    ¿Por qué suceden (y continuarán sucediendo durante el capitalismo) las cosas de esta manera?   “El capitalismo es una contradicción en proceso” decía, más o menos, Marx.   Y este entrelazamiento y sucesión irresoluble de contradicciones encuentra su explicación en la evolución objetiva del propio capitalismo.   Ya hace poco más de dos siglos Ricardo advertía sobre la función del trabajo como el elemento determinante del valor de la mercancía.   Muchos siglos antes, con una impresionante capacidad de abstracción, Aristóteles llegó a vislumbrar en “La Política” el papel del trabajo en dicha determinación.   Si la mercancía es la célula del modo de producción capitalista y el trabajo la medida del valor de la misma (mejor aún, la cantidad de tiempo de trabajo), esto no puede dejar de tener consecuencias insoslayables y determinantes en el desarrollo histórico del capitalismo.   El trabajo pasado, muerto, no crea nuevo valor, sino que traslada un valor creado y materializado en los medios de producción a la nueva mercancía en proceso de creación; ya sea de golpe, si se trata de capital circulante, ya sea por fracciones a lo largo de un período de tiempo, si se trata de capital fijo (hay que cuidarse mucho de confundir y-o identificar estas categorías con el fundamental y genial descubrimiento de Marx expresado en las categorías capital constante y capital variable).   Sólo el trabajo presente, vivo, es creador de nuevo valor, fuente de valor y, consiguientemente, de plusvalía.   Mediante la introducción de tecnología el capitalista se propone aumentar la plusvalía relativa, ya que por razones naturales e histórico-sociales la plusvalía absoluta encuentra límites en sus posibilidades de incrementarse.   Sin embargo, la introducción de nuevas tecnologías desplaza fuerza de trabajo; es decir, la única mercancía cuyo uso genera trabajo vivo único elemento generador de nuevo valor.   Por lo cual, si bien puede aumentar la tasa de plusvalía la tasa de ganancia tiende a caer.  O sea, para la clase capitalista el desarrollo científico-tecnológico es a la vez una necesidad y una amenaza.   El objetivo de la clase capitalista es el permanente aumento de la tasa de ganancia, pero el aumento de la inversión en medios de producción, tecnología, provoca la tendencia a su descenso.   En cambio, para la clase obrera , para las masas desposeídas emancipadas de las relaciones burguesas de producción el desarrollo e inversión productiva de la ciencia y la tecnología sólo tiene un significado: crear las condiciones, las premisas, que permiten invertir menos tiempo de trabajo para satisfacer las necesidades básicas y aumentar el tiempo libre para el desarrollo multifacético de sus cualidades humanas, para alcanzar  por fin la libertad, lo que realmente debe considerarse libertad.   Por eso el capitalismo y la clase capitalista llegados a este punto de la evolución histórica de la humanidad son una traba para el progreso, son reaccionarios y contra revolucionarios, su existencia ya hace
tiempo ha devenido absolutamente irracional y nuestra época no tiene otra misión histórica que proclamar su irrealidad, hacerlo irreal en la realidad.   Por eso, los trabajadores asalariados y las masas desposeídas de la sociedad son objetivamente democráticos, progresistas y revolucionarios.
  
   Las leyes de la producción capitalista provocan la tendencia al crecimiento de la composición orgánica del capital, producto genuino de la evolución del capitalismo.   Esta tendencia se impone y comprueba en el aumento constante de la proporción del capital invertido en capital constante (medios de producción, tecnología, etc.), respecto a la fracción invertida en el capital variable (fuerza de trabajo; capacidad de trabajar bajo la forma de trabajo asalariado; o sea como mercancía y, por consiguiente, portadora de la dualidad trabajo abstracto – trabajo concreto y, como tal creadora de valor y valor de uso).   La tendencia al crecimiento de la composición orgánica del capital provoca la tendencia al desplazamiento de la fuerza de trabajo (única fuente de creación de valor y, por ende, de la forma de la riqueza del modo de producción capitalista: el capital).   De aquí, como llevamos dicho la tendencia a la caída de la tasa de ganancia.   Por tanto, el crecimiento de la composición orgánica del capital tiende a desplazar al trabajo vivo, precisamente la fuente de creación del capital.   O sea, cuando el alienante mito sobre “el fin del trabajo” y su abstracción fantasiosa y engañosa es superado por el estudio de la realidad histórica concreta podemos comprender que en absoluto estos fenómenos expresan ni son presagios de “el fin del trabajo” en general.   ¡No!   Por el contrario, expresan y en términos históricos, son presagios (dependiendo de la acción de los hombres, de las masas populares), de la crisis del capitalismo y la burguesía. 
  
    Por cierto, combatir al neoliberalismo es una tarea insoslayable en tanto estrategia política destinada a contrarrestar estas tendencias negativas para las clases dominantes y hacer recaer sus efectos sobre la espalda de los pueblos.   Sin embargo, podría ser erróneo ante estos fenómenos limitar la cuestión al neoliberalismo.   Esto podría generar la falsa y peligrosa ilusión de que más allá del neoliberalismo otro capitalismo sería posible.   El asunto es más profundo.   El problema que tiene enfrente la humanidad es el capitalismo en sí mismo.   Y esta es nuestra tarea política: volver a educar a las masas populares en esta perspectiva.   Porque, llegados a este punto del desarrollo del capitalismo, ¿es posible el capitalismo sin la sombra del neoliberalismo?   Las políticas neoliberales pueden retroceder momentáneamente; ora pasar a la defensiva ora a la ofensiva.   Pero, en todo caso el neoliberalismo retornará siempre y en breves plazos históricos.   Y esto es así porque la fracción hegemónica de la clase capitalista, y esta clase ya no conocerá otra hegemonía, para la bonanza de sus intereses reclama políticas neoliberales.   ¿Cuáles son las condiciones materiales de esta situación?
  
   1 – La contradicción fundamental del capitalismo es el carácter cada vez más social de la producción y el carácter cada vez más privado de la apropiación: la globalización expresa
el primer factor de la contradicción; la transnacionalización, el inmenso crecimiento de las empresas transnacionales el segundo.  
   2 – La tendencia a la concentración y centralización del capital continúa; la sociedad se divide cada vez más en una oligarquía, un puñado de magnates del capital, de un lado y, una masa de miles de millones de desposeídos, por otro (según datos recientes de la ONU, ocho o doce personas tienen la misma riqueza que la mitad de la población mundial, dos mil quinientos o tres mil millones de personas).
   3 -  Precisamente, los beneficiarios privilegiados de este proceso de concentración del capital es la oligarquía financiera. El capital financiero.
   4 – El capital financiero está indisolublemente ligado a la especulación, al parasitarismo, a la riqueza y el capital ficticio; en fin, a un capitalismo parasitario y en descomposición.  La crisis mundial del capitalismo, desde 1929 hasta 2008, expresan este carácter parasitario y en descomposición e imponen saltos cualitativos a la crisis en el proceso de centralización del capital.
   5 – El capitalismo ha devenido imperialista y este carácter que acompañará al mundo burgués hasta la tumba está indisolublemente ligado con las cuatro características definitorias del capitalismo en su última fase anotadas en los cuatro puntos precedentes.   El imperialismo ha significado: la expansión colonial en las últimas décadas del S XIX; dos guerras mundiales en cincuenta años; carrera armamentista que no cesa; según la ONU, trece guerras, invasiones, etc. en menos de tres décadas.   El capitalismo en su fase imperialista no puede dejar de ser agresivo, antidemocrático, militarista, reaccionario en toda la línea.
   6 – Hace por lo menos más de un siglo y medio que el capitalismo significa una traba para el desarrollo de las fuerzas productivas.   Pero hoy, sin embargo, significa no sólo una traba sino una amenaza real para la destrucción absoluta de las mismas por una hecatombe nuclear y-o una catástrofe ecológica.
  
   El mito sobre “el fin del trabajo” es un eufemismo y una falsedad, tiene un significado ideológico, de clase; promueve la transformación en la cabeza de los pueblos de la crisis de la clase capitalista y del capitalismo en crisis de la sociedad toda.   
  
   El crecimiento sostenido de la inversión en capital constante, la elevación de la capacidad productiva de la humanidad a través del desarrollo de la ciencia y la tecnología se presenta ante la burguesía como una amenaza a su existencia.   Para los trabajadores, en cambio, ese desarrollo es condición de su liberación, es la premisa del triunfo de la libertad sobre la necesidad, es la condición material para que el contenido del tiempo de la vida del hombre no sea la alienación y la enajenación del producto de su trabajo y de su propia vida, sino la creación, el desarrollo espiritual, el tiempo libre para ser, precisamente, libre; es la condición para la humanización del hombre. 
  
   “La cosa está en que un día haya tiempo para todo, para hablarnos sin apuro, para compartir los hijos, para hacer fin de semana como si vivir fuera tiempo libre, espacio para estar…”
  
   Las condiciones materiales para que se cumpla el sueño al que le canta Silvio ya existen; y su realización es una necesidad histórica de la que depende la sobrevivencia de la humanidad.
 
ALDO SCARPA

sábado, 25 de enero de 2020

¿EL PUEBLO ES EL CULPABLE? por ALDO SCARPA - enero 2020

¿El pueblo es el culpable?   Por ALDO SCARPA  -  enero 2020 

   Recuerdo que hace más de un cuarto de siglo estudiando, relevando fuentes no trabajadas, escribiendo sobre la historia de Cuba, la revolución, la repercusión de la misma en la prensa nacional, tome conocimiento de que en la isla se consideraba vago al guajiro. ¿increíble verdad?  Pero no tanto, los conquistadores consideraban apáticos, haraganes, a los pueblos originarios y, más tarde, difundieron las mismas ideas sobre los negros traídos forzosamente como esclavos desde el África. La misma “verdad” impusieron sobre el gaucho.   Esto no tiene nada de extraño ni novedoso.   Se trata de algo que las clases dirigentes saben hacer muy bien y sobre lo que la izquierda actual debe aprender y ocuparse, que no se resuelve con “viveza” y con “calle”: la construcción hegemónica, dirigir.  ¿Puede la izquierda dirigir a un pueblo que subestima, que no respeta?  ¿Qué sentido tiene, al no ser para dominarlo, representar a alguien o a un pueblo que se desprecia?  La sarta de vulgaridades al tipo de: “el pueblo uruguayo es un pueblo conservador”; “el uruguayo es un “pueblo cornudo””; “para el uruguayo el año comienza cuando se baja el último ciclista”, no son más que la repetición del “sentido común” creado y difundido como “verdad” revelada e indiscutible por las clases dirigentes; de eso se trata, precisamente dirigir, ejercer la función hegemónica.  Lo grave es que quien pretende dirigir a un pueblo en su lucha por transformar la realidad, las repita.   ¿Cómo dirigir la lucha de un pueblo por su liberación repitiendo como loros las “verdades” de quienes lo dominan?  Se trata del “sentido común”, del ”conocimiento vulgar” (en el cual, por supuesto, es posible que haya un núcleo de “buen sentido”).  Son las “verdades” del parroquiano acodado en el mostrador del boliche, o la “doña”, hablando con la vecina, apoyada en su escoba.   Pero lo impresentable, lo inaceptable, es que lo repitan hombres de “avanzada”, pretendidos dirigentes.

   El 27 de octubre y el 24 de noviembre el FA sufrió la peor derrota política desde su creación, fue una “crónica de una muerte anunciada”.  ¿Es el pueblo uruguayo el responsable?  Es raro de ver que un ejército alcance la victoria o, por lo menos sortee con éxito semejante escollo con un “estado mayor” desorientado, desconcertado, que hace tiempo dejó de ejercer su responsabilidad: dirigir realmente.   Sin embargo, una vez más el pueblo
uruguayo nos dio una lección y superó con éxito el escollo, a pesar de los desaciertos, desvíos, divisiones, inconsecuencias, soberbia de su “estado mayor”.

   No fue sino el pueblo uruguayo el que el 27 de octubre nos mantuvo como la primera fuerza política del país y la mayor bancada parlamentaria con un 40% de los votos emitidos y nos dejó a pocos puntos porcentuales de convertirnos nuevamente en cinco años, en la mayoría absoluta del país.   Más aún, el 24 de noviembre nuestro pueblo nos volvió a sorprender, nos volvió a enseñar (el “educador” también debe ser educado), y, en este caso, casi nos da la victoria y nos puso a nada de obtener la mayoría absoluta en el 2024.   Claro está, depende de nosotros mismos, depende de que el “estado mayor” restituya la humildad, restituya la coherencia, los principios y los valores éticos, que no se deje tentar por atajos que en el mejor de los casos nos ofrecen victorias pírricas.  Depende de un debate autocrítico, humilde y realmente unitario.


  Pero nuestro pueblo obtuvo otras victorias.  Impidió que se retrocediera y mantuvo en pie todos los derechos conquistados, “la agenda de derechos”, los valores de solidaridad, libertad, contra la represión, contra la discriminación racial y nacional, la igualdad de género, la diversidad, etc.   Mantuvo la “ley de salud reproductiva” (a pesar de la indebida actitud del compañero Tabaré con todo el peso moral y político que significa); derrotó la ley “a la baja”, en las urnas; el intento de derogar la ley “Trans” y el engendro de “vivir sin miedo”.   Es decir, una posición avanzada, democrática y progresista en todo el frente de lucha.   ¿El pueblo uruguayo es un “pueblo conservador”?  ¿Comparado con qué pueblo?  ¡Qué soberbia!

   No faltan, quienes han dicho: “Si, pero el voto para “vivir sin miedo” sobrepasó el 40%.   ¿Y qué esperaban?   Me hacen acordar a un profesor del IPA que comentando sobre el plebiscito de 1980 sostenía: “pero el “SI” obtuvo un porcentaje muy alto”, obviamente sin  poner un solo ejemplo en el mundo de un pueblo que haya protagonizado una gesta semejante.  Es no entender nada de los tiempos de la evolución histórica, de los tiempos de la lucha y la transformación social que no son los tiempos de la vida de una persona, ¡no entienden nada de la dureza social, política e ideológica de la lucha de clases!  ¿Qué esperaban después de siete años de fascismo y con la
absoluta prohibición de propagandear el “NO”?  ¿Y qué esperaban después de años de una impresionante campaña en casi todos los grandes medios de comunicación sembrando el clima de caos, miedo, inseguridad?  Lo increíble, lo admirable de nuestro pueblo, es que en ambos casos haya triunfado el NO.

    Por último, alguien podrá preguntar: ¿pero qué ocurrió con la Ley de Caducidad?   No vamos a ocultar el bulto, vanos a detenernos en la Ley de Caducidad.  Aquí también el comportamiento de nuestro pueblo es ejemplar.  Nunca hubo en nuestro país posibilidades para el surgimiento de organizaciones de masas que defendieran los crímenes del fascismo.  El pueblo uruguayo también en este asunto volvió a protagonizar un acto probablemente único: por su propia voluntad obligó a que se pronunciara democráticamente el pueblo todo.  El pronunciamiento popular (no por una gran mayoría no dio la victoria al “voto verde”, sin embargo, el mismo ganó en Montevideo con lo que eso significa y las consecuencias inmediatas posteriores: ¡treinta años de gobiernos frenteamplistas!).  Pero este resultado electoral no fue a favor de la impunidad sino en defensa de la democracia.  Los sectores democráticos de los partidos tradicionales (que en aquellos tiempos expresaban a la mayoría de la ciudadanía), no defendieron sólidamente la impunidad, sino que crearon la farsa de que si se derogaba la Ley de Impunidad podría producirse una crisis institucional y un levantamiento militar.  ¿Ingenuidad del pueblo?  Lean y escuchen cuantos analistas y politólogos repiten aún hoy como veraz esta farsa.  

   Dos confirmaciones populares de lo que se afirma aquí. El lunes 19 de diciembre de 1988 a las 14 horas, momento en que se “ratificaron las firmas” y se obligó a convocar a un plebiscito, fue una de las explosiones populares y exteriorización de alegría más contundente del pueblo uruguayo.  El 16 de abril 1989, cerca de la medianoche, cuando se confirmó la derrota del “voto verde” el Uruguay parecía un cementerio y el silencio fue atronador.

   Pero, como al decir del maestro, en la historia las cosas suelen ocurrir dos veces, primero como tragedia y después como parodia, así ocurrió también en esta cuestión.  Durante el primer gobierno del FA, después que el Congreso de diciembre de la fuerza política había definido
democráticamente en su órgano superior no derogar la Ley de Impunidad en ese momento, el gobierno y el movimiento popular alcanzaban avances en la materia que esperamos durante dos décadas.  Sin embargo, a través de la comisión de DDHH del PIT-CNT se convoca a juntar firmas para un nuevo plebiscito.   Algunos sectores y partidos del FA apoyaron, en tanto, por lo menos, las dos fuerzas mayoritarias de la fuerza política (que probablemente representaban el 50% de la misma), y el mismísimo compañero Presidente no estuvieron de acuerdo con la convocatoria. En lugar de construir los consensos necesarios, se apuró el paso. El “educador” que había educado al pueblo durante más de medio siglo en la cultura de la unidad y el consenso actuó en contra de sí mismo, el pueblo quedó a la deriva entre desavenencias y discusiones durante aproximadamente dos años, a pesar de ello el pueblo casi logra derogar la Ley. El pueblo, una vez más, no votó por la impunidad, sino que se explique como durante el primer gobierno del FA los sondeos de opinión pública marcaban el apoyo a la política de DDHH como uno de los más altos, en una administración que culminó su período con un alto nivel de apoyo.  Se trató de la primacía en el “estado mayor” de una concepción estratégico-táctica errónea y que ya había sido superada por la madurez política de nuestro pueblo. Un grave error político que generó desacumulación en el movimiento popular y la izquierda, sólo comparable en la historia reciente en las expresiones de lucha armada en los años sesenta, una concepción estratégico-táctica que tiene la virtud de convertir victorias populares en derrota.  Es decir, no tenemos derecho de cargar sobre nuestros pueblos las responsabilidades de su estado mayor.  No tenemos excusa, la humildad y la inteligencia nos exige la admiración y el reconocimiento a nuestro pueblo.  El orgullo de ser hijos de él.

¡Salud amado pueblo! Intentaremos estar a tu altura.